tiene buena memoria

Elogio a la normalidad

Publicado: 2013-03-26

Desconozco cuándo lo normal se volvió anormal. Cuándo la sensatez empezó a estar demodé. Cuándo se comenzó a perseguir a los humildes, apuntándolos con el dedo y riendo a carcajadas faltonas su supuesta mojigatería. “Lo modesto es falso y lo soberbio es auténtico”, proclamaron los infelices que se pasan el día rellenando desideratas. Y, a base de repetir el mantra, la turba ha acabado por creérselo. Hubo una vez alguien que decidió desabrocharse el cinturón de seguridad porque le apretaba y luego todos le rieron la gracia, acelerando hacia el precipicio como el coche de Thelma y Louise.

Uno tiende a pensar que el invento se fue a la mierda en el momento en el que, como por magia, lo normal empezó a ser aburrido y lo sencillo pasó a ser soso. Aplaudir lo altisonante se convirtió en la metadona de una sociedad en la que, si no dabas el cante, no eras de los nuestros. Y se volvió a la pubertad mental, vitoreando las peleas en el recreo y admirando al que se escapa a los servicios a fumar.

En medio de este aquelarre de pintura negra de Goya está Vicente del Bosque, un tipo que todavía tiene el mal gusto de dar la mano al rival nada más terminar un partido. Poco histriónico y nada fotogénico. Un entrenador que reniega de poses de estatua castrense y de miradas desafiantes al infinito y que se pasa el día huyendo del retrato robot del muerto de éxito, ese mito encumbrado de resplandeciente pesadumbre y dorada tristeza del que hablaba Shakespeare. Prefiere caminar con las manos en los bolsillos y encoger los hombros cuando alguien le pregunta qué hace un chico como él en un sitio como este.

En un contexto de señoríos mal entendidos y de dedos que señalan caminos sobra una persona como Del Bosque. Sobra y quiere sobrar. Y es por ello que queda automáticamente estigmatizado. Otra víctima del ejército del ruido, que valora cualquier desliz de Vicente por encima de 30 años al servicio de un equipo en el que solo le faltó limpiarle de barro las botas a los alevines. Ahora está de moda decir que es del Barça, como Charly Garcíapuso de moda tirarse a la piscina de un hotel desde la ventana de la habitación. El borreguismo de la trinchera crea siempre tendencias extravagantes.

Y, aún así, seguirá poniendo la otra mejilla en un entorno donde las maneras sencillas son tomadas siempre por indicio de poco valor. Vivir y morir, como escribió Unamuno, en el ejército de los humildes, con la santa libertad del obediente. Vicente del Bosque o la dificultad de ser un hombre normal en un mundo que no lo es.

Fotografía: Guadalupe de la Vallina

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Fuente: JOT DOWN

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Escrito por

Homero Ríos Mija

Literatura y cero novedades........


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Duda Hache

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